• Mario

08. El infravalorado Maurice Blondel: El punto de partida de la investigación filosófica.


"[La filosofía] en suma, que es esencialmente la anarquía, la pura libertad del pensamiento"


No me considero cristiano, es más, critico profundamente la fe trasladada a cualquier institución. Es que no me entra, lo siento. Maurice Blondel (1861-1949), sin embargo, dedicó importante tiempo de su vida en escritos que obraban para la reivindicación del cristianismo en la filosofía sin usar directamente los postulados cristianos. Imagina intentar justificar racionalmente algo eminentemente irracional. Flipa.

Bueno, quién era él. Maurice es un filósofo francés nacido en una apacible familia. Aunque tardó en aprender a leer y escribir, pronto destacó por su incipiente inteligencia en el instituto. Ya en la universidad realizó el bachillerato en letras y el grado en filosofía. Al poco tiempo solicita su ingreso al École Normale Supérieure de Paris, decisión poco apoyada por sus padres, pero sí por el obispo de Dijón, la ciudad donde nació. Esa institución se caracterizaba por tener un aire de incredulidad y escepticismo, así como también el impero de una visión positivista y pesimista bajo la influencia de Schopenhauer. Ese ambiente hostil a sus creencias lo incentivó a crear su obra 'ser y la acción', una doctrina de pensamiento;

"una filosofía que no fuese ni separada –como desarrollaba el criticismo kantiano–, ni dependiente de la ciencia, como tampoco de la religión positiva. Una filosofía en la que cohabitasen las exigencias más críticas en el terreno racional con el catolicismo más auténtico"

Ese es el desafío que encuentro tremendamente difícil de realizar y qué creen, Blondel no le hizo asco, es más, a mi parecer, no lo hizo nada mal. Es decir, es uno de los tantos intentos que se han hecho para fomentar el diálogo a formas de saber opuestas vistas desde el sentido común, cosa que muchos odiarán, pero nadie puede negar la dificultad que esa empresa supone. Sí, el hecho de que su objetivo fuera dialogar con la religión no quita que haya tenido resultados distintos como los que ha mi parecer ha tenido pues, si lo pensamos, la religión entendida en parte como estructuración de la fe, le corresponde una serie de fenómenos y procesos eminentemente psicológicos, los cuales se escapan al conocimiento religioso y se embarcan en una epistemología distinta. Así, para realizar su cometido, no es que haya enlazado filosofía con religión, sino la filosofía con los procesos y aspectos humanos que posibilitan y dan un lugar válido a la religión. Repito, yo flipo.

Ahora, me confieso, no lo busqué, mi relación con este autor comenzó una visita aleatoria a una librería en el centro de mi ciudad. Compré por compulsión el breve libro que lleva el título de esta entrega y desde ahí sentí una admiración por este autor. Como sea, esta obra fue una de las dos entregas para la revista 'Annales de philosophie chrétienne' en 1906 con los que intentó explicar el método filosófico que utilizó para realizar su obra "L' Action" de 1893. En este caso, la edición que expondré es traída por 'Ediciones de Bolsillo' y la traducción se realizó por Jorge Hourton (dejo el enlace para comprarlo aquí). Lo encontré tan interesante que siento una necesidad de darlo a conocer y provocar discusión, pues creo este sujeto se adelantó varios años al conocimiento de la psicología cognitiva, la cual tuvo su formalización en la década de los 50'. Aquí va.

A ver, la idea principal del texto es que el conocimiento filosófico debe abarcar todos los aspectos posibles del fenómeno y por lo tanto no puede ser subjetivo ni objetivo, tampoco puede ser artificial, es decir, manipulando su estado original, ni puramente natural. Ahora suena raro, pero dejen que lo desarrolle.

Blondel divide el conocimiento en tres. Directo, indirecto y filosófico. Cuando habla del conocimiento directo, se refiere a aquel que está envuelto en el momento y de perfecta conciencia, tal como si en este momento yo estuviera escribiendo ahora mismo esta publicación, sentado en el salón de mi hogar frente a mi portátil. Digamos que es el conocimiento mediante el cual interactuamos con el mundo sin mayor complejidad. Lo describe como ad usum, un conocimiento de la costumbre, que es válido por el mero hecho de estar ahí y ad summum, un conocimiento que no cesa de crecer en tanto que nos incentiva movilizar nuestros pasos hacia los siguientes y nos llena de experiencias que se encarnarán en el recuerdo. Lo resuelve como la forma sencilla del age quod agis, un axioma en latín que significa "haga lo que usted está haciendo, concéntrese en el presente". [En palabras mías, es como aquel conocimiento que el budismo intenta controlar y en él vivir. Tengo muchas ganas de escribir al respecto, por cierto]. Blondel lo llamará conocimiento prospectivo, sobre todo cuando se refiere a él como consciente, deliberado y con cordura.

Sigo escribiendo estas letras en el mismo lugar que minutos atrás y en un momento ya no me hayo escribiendo con mi atención y consciencia en el acto mismo sino en su proceso, en cómo escribo y cómo he escrito los párrafos anteriores. Para Blondel, ese es el inicio del conocimiento inverso o reflexivo. Aquel conocimiento que surge al trasladar el origen de mis acciones hacia el frente de mis ojos. Ante era aquello que guiaba mi voluntad y ahora es ella el objeto de mi atención como un hecho aislado a percibir. Nace, para Blondel, un conocimiento infinito que es capaz de abarcar "desde la más rudimentaria percepción hasta las más complejas teorías de las ciencias positivas, sin que, al parecer, nunca sea capaz de alcanzar la intuición práctica que fue su ocasión y materia".

Si bien son dos formas de conocimiento distintas, no es que estén completamente separadas. Hasta cierto punto, el conocimiento reflexivo guía y controla el conocimiento prospectivo, sin embargo, nunca será capaz de sustituirlo. Es decir, digamos que una fotografía puede evocar el recuerdo, pero nunca será como la vivencia misma ¿No? En ello, puede decirse que, a diferencia de lo reflexivo, ese conocimiento directo es único en tanto que cada individuo guarda una forma particular resuelta en un conjunto de experiencias vividas y, por lo tanto, está exento del estudio científico positivo. El conocimiento reflexivo, por otro lado, reduce, artificia y generaliza hechos como objetos susceptibles a ser conocidos, el fin es buscar el origen.

Ahora, ¿Y el conocimiento filosófico? Es una pregunta difícil, tanto que han existido varios intentos de definirlo. Sin embargo, Blondel hace el intento de decir qué forma parte de él.

El conocimiento filosófico no parte puramente del conocimiento reflexivo. Como vimos, aun cuando es completamente natural reflexionar respecto a la realidad, lo cierto es que no la representa. Es una representación de la realidad, su sombra, una sustitución o un artificio de ella y continuar en su camino significa la abstracción cada vez mayor del fenómeno original. Es por lo tanto un conocimiento relativista. Así, puedo conocer la percepción que yo tengo de mi actividad al escribir, pero desconozco el proceso que permite al tecleo convertirse en una letra digital. [Este apartado hace conexión con el trabajo de percepción que se ha hecho en el blog ¡Les recomiendo ir a darle un vistazo!]

El conocimiento filosófico no parte puramente del conocimiento crítico. Aun cuando se tratase algo distinto, este se considera como la reflexión de nuestro juicio, constituyéndose en una intuición moral. Es decir, ya la atención deja de estar en la reflexión del objeto sino del sujeto, dando lugar al análisis de las ideologías que el objeto sucita.

El conocimiento filosófico no parte únicamente de la intuición psicológica. Es preciso decir que Blondel habla de la intuición psicológica como aquellos pensamientos y sensaciones que nacen inmediatamente tras la exposición de nostros ante el fenómeno. El análisis del fenómeno ya no radica en el objeto mismo ni en la reflexión, sino en los efectos inmediatos del objeto al individuo y, por tanto, se aleja del objeto mismo, del conocimiento prospectivo.

Como sea, lo que se puede decir es que el conocimiento no versa sobre uno u otro pues son retoños del hecho mismo que se quiere conocer. No es aquel objeto el interesado en conocer, sino es el sujeto que posee una conciencia, límites perceptivos y una motivación para hacerlo. El acto de conocer es algo puramente humano y, en tanto que es una acción aparecida ante la consciencia, todo lo dado a ser reflexivo no puede desprenderse del fenómeno observado. Enlazar toda posibilidad de conocimiento es hacerse cargo de nuestra constante especulación de qué es el fenómeno.

¿Supone esto que el conocimiento, entonces, debe implicar ligar el conocimiento directo con el inverso? No, pues no hay una separación real entre ambos. Hacer esa separación supone caer en un intelectualismo ingenuo. Así, Blondel llegar a tres conclusiones:

  1. "La filosofía no puede legítimamente proceder a partir de la sola reflexión, ya que por este camino del análisis abstracto, sino es por un fideísmo —no solamente injustificado, sino también reconocido como totalmente artificial—, nunca tendrá ella un punto de partida concreto y real"

  2. "La filosofía no puede proceder a partir del «conocimiento práctico» o de la sola prospección, ya que es facticio y, de hecho, imposible que aislemos este conocimiento, so pena de deformarlo inmediatamente, transformándolo en una suave especie de reflexión bastarda que, consecuente consigo misma, conduciría no sólo al agnosticismo sino a la inconsciencia; de suerte que el punto de llegada sería destructor del mismo punto de partida de la investigación"

  3. "La filosofía no puede tampoco proponerse como problema inicial la cuestión de la relación entre la prospección y la reflexión, entre el pensar como acción y el pensamiento como objeto, ya que eso sería una nueva manera de realizar abstracciones, de transformar la acción en objeto, de especular en suma sobre entidades y generalidades; de especular en suma sobre entidades y generalidades; además, al confundir fatalmente el conocimiento de la acción con lo práctico, tratado especulativamente, con una función que, según la misma tesis, no puede de ningúna manera pertenecer al conocimiento: de manera que al pretendido realismo intelectual de la acción se sobrepondría el agnosticismo práctico del conocimiento o sería sustituído por el"

Esas dos condiciones no quedan solas ante el acto filosófica pues Blondel critica mucho el 'conocer para conocer' es decir, esa tendencia que tiene la filosofía de quedarse en la academia y en la discusión, sin implicarse en el acto de vivir. De la misma forma, vivir por vivir cae en la misma situación al considerarse como imposible. Plantea que el vivir y el reflexionar son cosas inseparables y el reflexionar, finalmente, es un acto de conocer el origen y la causa de las cosas. A ver, en relación con esto último, es verdad que hay gente irreflexiva, pero eso no tiene que ver con que no reflexiona, sino con que su reflexión cualitativamente es insuficiente para quien juzga, ya sea en términos de profundidad o con respecto a qué. En ambos casos, la manera en que se reflexiona tiende a pasar por que el sujeto cree que ese grado de reflexión es suficiente.

Así, Blondel propone que, si la filosofía se realiza desde la reflexión, esta sólo tiene validez cuando su objetivo es integrar la prospección a un pensamiento general e integral en su totalidad. Propone también que si la filosofía se realiza desde la prospección, esta será filosófica cuando integra en ella todos los ámbitos que la reflexión fragmenta, de una forma metódica, progresiva y lejos de la sentimentalidad. Por si fuera poco, ambas tesis son complementarias. De esa forma, para Blondel así

"la filosofía no aparecerá como un simple extracto de vida, como una representación o un espectáculo: será la misma vida tomando conciencia y dirección de sí misma, dando al pensamiento todo su papel legítimo, tendiendo a la ecuación del conocimiento y de la existencia, y desarrollando simultáneamente la efectividad de nuestro ser en medio de los seres y la verdad de los seres en nosotros. La consideración del aspecto especulativo nos conducirá, pues, a la verdad del aspecto práctico; la consideración del aspecto práctico nos mostrará la realidad del aspecto especulativo y el valor sustancial del pensamiento. Por esta misma reciprocidad, esperamos que el problema quede resuelto".

Aquí pongan atención. Con este recorrido, Blondel da pasado a pensar que uno de los axiomas principales de la filosofía es el ser un conocimiento universalista y anárquico, la pura libertad del pensamiento. El acto de conocer como acto filosófico es un proceso de constante inquietud en punto de equilibrio perpetuamente inestable y o de inadecuación interior, donde cada esfuerzo por volver a una ingenua estabilidad, diferentes exigencias nacerán imponiéndose para ser resueltas por necesidad y que cada forma de saber son no más que una dimensión del fenómeno y no sus átomos constitutivos, los cuales llaman a los demás de alguna u otra forma. La filosofía tiene un tenue punto de partida, pero no tiene fin.

De la misma forma, el individuo mismo no puede ser de ninguna manera ser separados, siendo la única posibilidad de conocer la realidad el conocer el propio yo en tanto que es el sustrato y dueño del pensamiento por medio del cual representamos todo fenómeno a conocer.

La filosofía para Blondel también es inseparable de la práctica. No es lo mismo la acción que la 'idea de la acción', de forma tal que "las necesidades del pensamiento nos han conducido a la acción; las exigencias de la acción nos remiten al pensar, sin que debamos temer ser engañados por la reflexión fragmentaria".

Así, Blondel termina concluyendo que una filosofía pretende ser una constante búsqueda de experiencias en torno al conocimiento del fenómeno que lo completa en cada nueva posición que lo percibimos, conglomerando toda forma de saber de él y, al revés, las diferentes injerencias de él en nosotros. Es la propuesta de ese conocimiento que no rechaza nada, pero duda de todo pues finalmente es la incertidumbre parte de la realidad y es el conocimiento con el que pretendemos adaptarnos a ella. Es la puesta en práctica de nuestra injerencia hacia la realidad y otros seres que, siguiendo nuestro mismo camino vital, marcan sus huellas en nuestro conocimiento y viceversa. El conocimiento filosófico abarca todo, es la indivisión de conocimiento y acción.


Eso es el libro. Hermoso ¿No? Personalmente, este libro ha marcado totalmente mi forma de aproximarme a cada lectura que cae en mis manos y no puedo estar más agradecido por eso.

Al inicio de esta entrega dije que se adelantó al conocimiento psicológico actual. Creo que si hablo sobre eso ahora, este post quedaría un tanto extenso, por lo que en un futuro escribiré al respecto. Mientras, yo seguiré extasiado por la relectura que hice a este texto, es que me encanta.


¡Hasta la próxima!


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